martes, 15 de enero de 2008

Hombre muerto caminando...

Creo que me hizo bien morir, quedar en suspensión tratando de olvidame de ser quien soy, y a la vez dejándome ser, ser un won triste y a ratos amargado, un won que odio la alegría de otro por que no era la propia, un won que no sabe que mierda quiere.

En el proceso me sumergí en la ciudad, en esta ciudad que me invade y me encanta, que me disminuye y me potencia, en ella me pierdo, me separo de todo, camino por sus calles pensando sin darme cuenta quien circula a mi lado, mirando la creación de los hombres que se manifiesta majestuosa y gigante. Me meto pos sus rincones tratando de huir de mí, pero siempre me hace encontrarme, una y otra vez.

Ciudad, manifiesto de generosidad, de encuentros y desencuentros de alegrías y pesares de todos aquellos que cargamos con nuestras mascaras, mascaras que fallan y se caen y nos vemos expuestos, débiles y no sabemos que hacer y tú ciudad nos permites ocultarnos, olvidarnos desaparecernos, ahogarnos o mostrarnos con el afán de que nos toquen, nos cuiden, nos entiendan…nos ayuden…y en eso nos ayudas tú. Por que en tí siempre hay alguien, y hoy me lo demostraste nuevamente. Gracias Ana Maria, gracias Tiago por estar en esta ciudad conmigo. Infinitas gracias.

Me sirvió ser cadáver.

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